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27/04/2017
27/04/2017

Concienciar, sensibilizar y educar a los profesionales sanitarios es imprescindible para un abordaje integral del dolor infantil

Concienciar, sensibilizar y educar a los profesionales sanitarios es imprescindible para un abordaje integral del dolor infantil
Dra. Esperanza Ponsell, enfermera y profesora de la UIB: "A veces, los niños siguen sufriendo dolor de forma innecesaria, debido a las creencias o prejuicios que consideran el sufrimiento una parte inherente de una enfermedad o una intervención." La experta defiende la utilización de medidas farmacológicas y no farmacológicas antes de realizar cualquier procedimiento doloroso a un niño.

Muchos niños sufren, a diario, intervenciones dolorosas sin ningún tipo de apoyo o ayuda para reducir su dolor, ha explicado la Dra. Esperanza Ponsell, enfermera y profesora de la Universitat de les Illes Balears, en una sesión-debate organizada ayer en el Col·legi Oficial d’Infermeria de les Illes Balears.

Desde las intervenciones que se realizan a los recién nacidos hasta las vacunas, pasando por la recuperación después de una operación quirúrgica u otras, la percepción del dolor por parte de los niños a menudo es desatendida, debido a diversos factores, como son el déficit de conocimientos de los profesionales, la falta de evaluación del dolor de los niños y muchos valores y creencias establecidos en nuestra sociedad, que dificultan un abordaje integral, serio y eficaz del dolor en la infancia.

Durante mucho tiempo, se ha creído que el bebé no percibe el dolor debido a la inmadurez del sistema nervioso, que no tiene memoria de las experiencias dolorosas, o que el dolor es parte inherente e incontrolable de la enfermedad infantil. "Pero los estudios realizados en las últimas décadas han demostrado que los recién nacidos no solo perciben el dolor, sino que éste es de mayor intensidad que el percibido por los niños mayores, dado que los mecanismos de la vía inhibitoria descendente no se encuentran funcionalmente maduros. Por ejemplo, ante un mismo estímulo doloroso, los niños de menor edad experimentan mayor dolor y sufrimiento ", explicó Ponsell. Los componentes del dolor son sensorial, afectivo-emocional, comportamental y cognitivo, detalló. Y también hay factores que alteran la percepción del dolor: la edad, el sexo, el nivel cognitivo, la conducta de los padres y la conducta de los profesionales.

No tener en cuenta el dolor de los recién nacidos y prematuros puede tener consecuencias a corto y también a largo plazo, como trastornos del sueño o de comportamiento.

"Medir y evaluar el dolor infantil es un primer paso imprescindible para poder luego establecer un tratamiento adecuado", explicó la Dra. Ponsell durante su intervención. La experta ha presentado algunas de las múltiples formas, escalas de imágenes y figuras, adaptadas a las diferentes edades y niveles cognitivos de los niños, para poder identificar el dolor que sufren. Incluso existen aplicaciones electrónicas.

 "La cuestión principal es: ¿Por qué, sabiendo todo lo que ahora sabemos sobre el dolor infantil, en ocasiones los niños siguen sufriendo?", planteó Ponsell. "¿Por qué no se utilizan los métodos disponibles para aliviar el dolor?", añadió. Entre los tratamientos disponibles, los hay farmacológicos, con analgésicos locales, EMLA, GEL LAT, sacarosa, etc; pero también no farmacológicos, como la presencia y el contacto con los padres (que reduce la angustia), la lactancia materna, la succión nutritiva o no nutritiva (chupete), la música, los payasos, etcétera.

Una parte importante de la responsabilidad recae sobre los profesionales de la salud, que a veces no son conscientes ni están capacitados para gestionar el dolor infantil. "El papel de la institución y de sus profesionales es determinante para poder conseguir una mejora en la atención al dolor infantil", afirma.

La Dra. Ponsell considera imprescindible que los profesionales de la salud pongan en marcha prácticas consistentes de evaluación del dolor mediante registros validados para poder cuantificarlo. También es importante hablar sobre el dolor con las familias y los niños, y valorar las diferentes opciones para mitigarlo. En este sentido, apunta, es necesario que los profesionales actualicen sus conocimientos, con una formación continuada para mejorar el alivio del dolor de forma interdisciplinaria. También hay que educar, sensibilizar y concienciar a los profesionales del compromiso que tienen ante el manejo del dolor infantil, concluyó.

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