Col·legi Oficial d'Infermeria de les Illes Balears

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16/06/2016
04/03/2016

¿Sabemos cuidar a la persona que sufre, sin sufrir nosotros?

¿Sabemos cuidar a la persona que sufre, sin sufrir nosotros?
En este Dijous Infermer, la dra. Noemí Sansó, enfermera del Programa de Cuidados Paliativos de Balears, presenta su tesis doctoral, que apunta al autocuidado y la conciencia como herramientas esenciales para evitar el burnout y dar mejor atención al paciente y su familia. INCLUYE VÍDEO DE LA SESIÓN.

Cuidar a una persona que se enfrenta al proceso de morir es una situación complicada, en la que surgen gran cantidad de emociones, del paciente, de su familia y del personal sanitario que les atiende. Las enfermeras, cuya misión principal es cuidar, se encuentran entre los profesionales más vulnerables al burnout y a la fatiga por compasión, según la Dra. Noemí Sansó, enfermera del Centro Coordinador del Programa de Cuidados Paliativos Illes Balears.

En los hospitales "hay servicios orientados completamente a curar. Los cuidados paliativos están orientados a cuidar y a acompañar", explicó Noemí Sansó durante la presentación de su tesis doctoral sobre el impacto del sufrimiento en los profesionales de salud, en el Col·legi Oficial d'Infermeria de les Illes Balears. Ante un nutrido grupo de enfermeras y médicos, Sansó dijo que no todas las personas afrontan estas situaciones de la misma forma y es imprescindible tener herramientas y formarse. "No hay que olvidar que el profesional es en sí mismo terapéutico, es parte del cuidado que ofrece", señaló.

"Cuando nos encontramos ante un paciente que sufre, las opciones de respuestas más básicas se pueden clasificar en tres: quedarnos bloqueados, huir de la situación o bien intentar luchar, aplicando tratamientos e intervenciones fútiles. Ninguna de estas opciones es adecuada para atender las necesidades del paciente", explicó la Dra Sansó. Apuntó que "El paciente necesita que le atendamos desde el equilibrio emocional, para poder seguir ayudándole a cubrir sus necesidades (físicas, psíquicas, sociales y espirituales) hasta el final. Si no somos capaces de mantener esta ecuanimidad, corremos el riesgo de ser víctimas de nuestras propia empatía, de sufrir lo que se ha denominado el coste de cuidar, el burnout y la fatiga de la compasión".

"Las enfermeras somos especialmente vulnerables dado que nuestra herramienta de trabajo es la relación de ayuda que entablamos con nuestros pacientes, la cual requiere de la práctica de una empatía exquisita. No se trata de evitarlo, se trata de tener herramientas para poder trabajar con el sufrimiento sin sufrir nosotros pero manteniendo nuestra implicación", explicó la Dra. Sansó, quien realizó un profundo estudio, con entrevistas y encuestas entre distintos profesionales sobre los aspectos que hacen a unos profesionales más capacitados que otros.

Sansó reconoció que lo que más le llamó la atención a lo largo del estudio fue comprobar cómo las enfermeras de cuidados paliativos, que en teoría son las que están más expuestas al proceso de morir, son también quienes mejor lo afrontan y menos sufren. "Para mi sorpresa, vi que estos profesionales no están especialmente quemados. De hecho, tienen un nivel de calidad de vida profesional mayor que en otros servicios", dijo.

La explicación reside en toda una serie de factores como el autocuidado holístico, tener una formación específica, las vivencias personales o la autoconciencia. En la investigación quedó claro que "independientemente de otros factores como la formación, la edad o el género, el autocuidado y la autoconciencia son aspectos determinantes", detalló.

El autocuidado holístico y la autoconciencia, también conocida como "mindfulness", reducen el burnout y la fatiga de compasión, y mejoran la competencia de afrontamiento ante la muerte. Son también muy importantes factores organizativos como el trabajo en equipo y el cambio del centro de atención, pasando de tratar enfermedades a atender personas.

La visión de las enfermeras

En esta sesión sobre "El coste del cuidado. Impacto del sufrimiento en los profesionales de la salud", moderada por Isabel Román, Enfermera gestora de casos del Hospital General y miembro de la Junta de Gobierno del COIBA, participaron también Emilia García, supervisora de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital General, y Yolanda Rodríguez, enfermera del Servicio de Medicina Preventiva del Hospital Son Espases. Cada una de ellas aportó la visión de cómo se afronta el final de la muerte en un hospital de crónicos y un hospital de agudos, reforzando con ejemplos y experiencias personales las conclusiones de la Dra. Sansó.

Emilia García explicó que, en un hospital de crónicos como el General, las enfermeras desarrollan plenamente el cuidado para mejorar la calidad de vida de los pacientes. "El objetivo de los cuidados paliativos siempre son el paciente y su familia", detalló, explicando que los profesionales adaptan sus dinámicas al proceso, con rees y objetivos diarios, identificando cuáles son las necesidades del paciente y su familia en un momento concreto y atendiéndolas. "Tenemos que saber cuidar sin juzgar, sin poner etiquetas, atendiendo a sus necesidades y acompañándoles en lo que haga falta", explicó.

Algo bien distinto pasa en los hospitales de agudos, donde lamentablemente el ambiente terapéutico es muy diferente. En ellos, y dependiendo del servicio, las enfermeras "no tenemos tiempo de escucharles ni de acompañarles", lamentó Yolanda Rodríguez, lo que crea una sensación de angustia e impotencia entre las propias profesionales. El control de los síntomas no es suficiente, el paciente necesita no sufrir, no solo que le quiten el dolor, y para ello necesita ser atendido según sus necesidades.

"Lamentablemente, en los hospitales de agudos la calidad de los últimos días depende mucho de que haya un médico que entienda que el final de la vida no es un fracaso", apuntó. "Solo cuando dejemos de pensar que no poder curar es un fracaso, empezaremos a oír y a entender al paciente", agregó. "Cuando dicen 'no hay nada que hacer', es cuando más queda por hacer...", apuntó García.

Tras la exposición de las ponentes, se abrió en el Col·legi d'Infermeria un amplio debate, con la participación de enfermeras de distintos hospitales, médicos y responsables de la Conselleria de Salut, como la subidrectora de Atención a la Cronicidad, Coordinación sociosanitaria, salud mental y enfermedades poco frecuentes, Angélica Miguélez, el subdirector de Cuidados asistenciales y atención al usuario, Carlos Villafáfila, y también el Responsable del Centro coordinador del Programa de Cuidados Paliativos y codirector de la tesis presentada, el Dr. Enric Benito. Cada uno de ellos aportó más ejemplos y planteó sugerencias.

En este sentido, se acordó continuar con el análisis de los factores y cambios estructurales que puedan contribuir a una mejor organización y mayor formación en cuidados paliativos para los profesionales, que redunden en un final de vida mejor para los pacientes y sus familiares.

 

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